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HOMENAJE A HRANT DINK EN MONTEVIDEO (18/06/2010)
Charla del Prof. Gonzalo Perera
No conozco, dentro de la lengua castellana, palabra alguna que permita expresar a la Liga de Jóvenes de la UGAB, a la Primera Iglesia Evagélica Armenia del Uruguay y a ASCUA, el inmenso honor , emoción y gratitud que siento por haber sido invitado a hablar en este homenaje. Agradecimiento que hago extensivo, aunque sea mi casa, a APU, por haber facilitado su local y apoyado la iniciativa.
Dada este huelga de palabras a la altura de los sentimientos, trataré de compartir con Ustedes algunas reflexiones en voz alta y a corazón abierto, expresando con la más completa sinceridad muchas sensaciones muy fuertes que me provoca la causa que nos convoca aquí, y las impresionantes imágenes y palabras de Harnt Dink que vimos en la película que acabamos de compartir.
Sí trataré de seguir, como mínimo ordenamiento de ideas, un esquema de cuatro puntos que entiendo necesarios para abarcar la universalidad y especificidad de la vida-testimonio de Hrant.
Estos cuatros puntos los titularía de la manera siguiente:
1. El valor del testimonio, de la tradición, y de la integración en una comunidad 2. ¿Por qué es tan odiada la voz de la conciencia? 3. La tentación del hombre bueno. 4. Hoy y mañana.
El primer punto refiere al valor del testimonio, de la tradición y de la integración.
Nieto de catalanes e hijo de la ciudad de Rocha, nada tengo en común, desde el punto de vista genealógico, con Hrant Dink. Apenas una accidente cronológico: ambos nacimos un 15 de setiembre, mero azar. Pero si me une a Hrant y a toda la comunidad armenia extendida a lo largo y alo ancho del mundo, un hecho mayor: nuestra común condición de SERES HUMANOS.
En mi Rocha natal y en años de infancia, era un ávido lector. Tuve la suerte de poder acceder, gracias al esfuerzo de mis padres, a muchos buenos libros, que devoraba con deleite, particularmente cuando referían a la Historia, que se me aparecía como la más fascinante, compleja y sorprendente de las aventuras humanas. Distintos momentos de la Historia fueron cautivando sucesivamente mi atención y motivaron un seguimiento particularmente detenido.
Por algún motivo que no recuerdo, uno de estos períodos de fascinación fue la Primera Guerra Mundial y su contexto, antecedentes, consecuecias. Fue en ese marco que leí por primera vez que un millón y medio de vidas inocentes, de manera completamente sistemática y deliberada, a lo largo de un planificado proceso, fueron exterminadas de la manera más infame y salvaje. Fue así que tomé conocimiento del genocidio del pueblo armenio, perpetrado por Turquía, afrenta y herida lacerante para la HUMANIDAD ENTERA. Pues siempre que alguien es victimizado por el sólo hecho de haber nacido en un determinado pueblo o comunidad, profesar determinada fe o convicción, la aventura civilizatoria humana involuciona a sus momentos más oscuros.
Pero ese conocimiento temprano, era meramente libresco. Eran horribles páginas de la Historia. Pero páginas al fin. Tinta sobre papel. Y un gran uruguayo, formidable luchador por todos los Derechos Humanos, que perdimos injusta y tempranamente, "Perico" Pérez Aguirre, nos legó un concepto que he grabado a fuego en mi memoria. Decía Perico que se pueden leer múltiples estadísticas sobre la pobreza y el hambre, y son herramientas válidas y útiles. Pero que nada estremece e interpela el alma como ver una sola carita de un niño o niña con hambre. Como estadístico que soy, he tratado de tener siempre presente que la Estadística puede ayudar a entender y sensibilizar, pero que la fuerza de un rostro, de una vida concreta, es insustituíble. El testimonio, la vivencia en rostro ajeno del dolor, sensibiliza, conmueve y rebela mucho mas que cualqier conocimiento libresco, pues le pone carne y hueso al dolor, a la verguenza, a la injusticia.
Llegué a Montevideo a los 16 años. Naturalmente, no tenía amigos aún, recién llegado a una pensión de La Comercial, cuando me brindó su amistad y fraternidad Armén, mi primer amigo en Montevideo. En su casa estudiábamos juntos, en su casa degusté por vez primera las delicias de la gastronomía armenia, y en su casa empecé a ver, poquito a poquito, la herencia y la tradición, la memoria y el testimonio.
La vida me regaló luego, en varios países donde me tocó recalar, la amistad de muchos integrantes de la comunidad armenia. Y en cada uno de ellos, en su testimonio , en sus memorias, en sus certidumbres y en sus búsquedas, en su inquebrantable terquedad, fui encontrando los rostros, la piel, la humanidad que hacía que la barbarie del genocidio al que había llegado a través de los libros se volviera insoportable ofensa.
Pasé años decisivos de mi vida en la tierra de la Flor de Lis, y allí, es conocido como "La Voz de Francia" un señor llamado Varenagh Azanavurían, más conocido como Charles Aznavour. "Et pourtant", tal como él mismo cantara, armenio.
La comunidad armenia, en el mundo entero, amplia, diversa, ha sin embargo logrado insertarse a plenitud en sus diversas patrias de adopción, fundiéndose en las culturas, habitos y pasiones de cada lugar, pero guardando sus tradiciones, su legado, su memoria y sobre todo, manteniendo su testimonio. Es esa capacidad de insertarse sin perder el lagado lo que ha hecho que muchos, cada vez más, que no compartimos lazos genealógicos ni con Hrant ni con la comunidad armenia, poco a poco hayamos adquirido conciencia de la causa armenia.
Más precisamente, que EXIJAMOS AL GOBIERNO DE TURQUIA Y SUS TRADICIONALES ALIADOS EL RECONOCIMIENTO DEL GENOCIDIO ARMENIO Y EL APORTE A LA CONSTRUCCION DE UNA NUEVA CIVILIZACION, LA CIVILIZACION DE LA PAZ, A PARTIR DEL RECONOCIMIENTO DE LA VERDAD Y LA JUSTICIA.
Los lobbies que buscan tapar el sol con un dedo son poderosos, muy poderosos. Pero la terquedad de los pueblos con memoria, es infinita e infatigable.
El segundo punto alude a por qué fastidia tanto la voz de la conciencia.
La Historia muestra que los nazis eran particularmente crueles con los alemanes resistentes, que las dictaduras militares fueron particularmente severos con los militares anti-golpistas y que el ultranacionalismo turco ha sido particularmente cruel con la voz de los ciudadanos turcos, como Hrant Dink, que han llamado a las cosas por su nombre. ¿ Por qué tanto odio a estos "traidores", que son en realidad el refugio de la dignidad y la humanidad en medio de la atrocidad?
En el caso de Turquía, el odio se hizo ley. Y el artículo 301 del código penal turco condena a prisión a quienes atenten contra la identidad, buen nombre e identidad nacional turca, lo cual por supuesto incluye cualquier mención al genocidio armenio. De los cuatros procesamientos que sufrió Hrant en apenas dos años, entre 2005 y 2007 (uno de ellos, en octubre del 2005, con condena a prisión finalmente suspendida), tres fueron amparados en el artículo 301, por su constante prédica a sincerarse, reconocer la verdad del genocidio y desde allí, armenios y turcos, comenzar a construír una nueva historia.
El único turco ganador del Premio Nobel de Literatura, el gran escritor Orham Pamuk, que recibiera dicho galardón en el año 2006, fue él mismo acusado al amparo del vergonzante articulo 301. El escritor, que finalmente debiera exiliarse ante múltiples amenazas, explicó con absoluta claridad la insanía subyacente: «En Turquía mataron a un millón de armenios y a 30.000 kurdos. Nadie quiere hablar de ello y a mí me odian por hacerlo».
Merecen leerse expresamente las palabras del Premio Nobel de Literatura tras el asesinato de Hrant Dink:
“en un sentido, somos todos responsables de su muerte. Sin embargo, a la cabeza de esta responsabilidad están los que todavía defienden el artículo 301 del código penal turco. Los que hicieron campaña contra él, los que retrataron a este hermano nuestro como enemigo de Turquía, los que lo apuntaron con el dedo. los que lo pintaron como blanco...ellos son los más responsables de esto"
Y estando en esta casa, en APU, bien vale enfatizar el rol jugado por los medios de comunicación sensacionalistas, ultranacionalistas o complacientes, que, entre los varios intelectuales que sostenían posiciones similares a las de Hrant, lo señalaron con el dedo, lo hicieron foto de tapa, alentando como fuelle al fuego el odio visceral en su contra. Hrant se transformó, para el ultranacionalismo turco, en la imagen misma de lo que no se quiere oír y fue en la puerta de su oficina que se congregaron para expresar su encono reiteradas veces. Me gustaría saber cuántos de esos periodistas o editores de medios turcos, que marcaron como víctima expiatoria a Hrant, tendrían el coraje de osar hablar de libertad de expresión ante sus colegas del mundo.
Pero sigue pendiente la pregunta de por qué se odia tanto al que desde el interior de un colectivo denuncia y reconoce los horrores que comete o ha cometido su colectivo.
Pues la respuesta es simple. Se los odia porque son la molesta e insoportable voz de la conciencia. PORQUE NO NIEGA EL QUE NO SABE; NIEGA EL QUE SABE Y NO TIENE EL CORAJE DE ADMITIRLO Y OPONERSE, O EL ESTOMAGO SUFICIENTEMENTE BLINDADO COMO PARA ADMITIRLO Y SEGUIR DURMIENDO EN PAZ. NO SE QUIERE OIR LO QUE SE SABE Y SE HA HECHO UN MILITANTE ESFUERZO EN NEGAR PARA QUE NO PERTURBE. NO HAY REVELACION MAS MOLESTA QUE LA QUE SE SABE CIERTA Y AVERGUENZA O ESPANTA. Es esta, la cruel y simple verdad.
Los relatos históricos nos muestran que cuando se liberaban los campos de exterminio nazi, donde el pueblo judío sufrió la Shoah, el intento de exterminio sistemático del que fuera víctima, junto a gitanos, enfermos, homosexuales, alemanes de buena conciencia y todo quien le viniera en gana al nazismo, frente al dantesco espectáculo de cadáveres por doquier y muertos en vida, las tropas aliadas forzaron a los civiles alemanes, polacos, etc., de los pueblos linderos, a colaborar en la mínima limpieza de los campos, a cremar los cuerpos inertes, etc. Todos los relatos coinciden en que los civiles en cuestión tapaban sus narices con pañuelos por el olor nauseabundo, vomitaban compulsivamente, lloraban desesperadamente diciendo NO SABER.
¿De dónde venían entonces, para estos civiles que vivían a muy poca distancia de los campos, las densas lluvias de ceniza, cuando los hornos trabajaban a pleno y los vientos eran fuertes? ¿De dónde el hedor indisumulable de la muerte en masa? ¿Qué hacían los trenes que constantemente llegaban repletos de carga y tapiados, y volvían vacíos y abiertos? ESO CIVILES, EN SU INMENSA MAYORIA; SI SABIAN LO QUE PASABA. Y su vomito y asco quizas no fuera tanto por el inenarrable espanto que sus ojos vieron en ese momento final, sino por ganar, aunque fuera por un segundo, conciencia del nivel de miseria humana al que habían llegado, permitiendo, con su silencio cómplice y su negativa a ver lo evidente, que ese horror fuera posible.
De la famosa película de Steven Spielberg "Schlinderlist", la escena más significativa ha pasado casi desapercibida. En un atestado tren con rumbo a Auschwitz, uno de los deportados logra poner su ojo en un pequeño hueco entre las maderas que tapiaban el vagón, donde hermosos y pequeños niños rubios jugaban entre césped y flores. Uno de ellos, al ver pasar el tren, lo mira y le hace la inconfundible señal del deguello.
El niño, desprovisto del inmenso hojaldre consciente e inhibidor del que dispone el adulto, en su cruel y feroz inocencia, reveló en ese gesto lo evidente: SI SABIAN A DONDE Y PARA QUE IBAN LOS TRENES. Y si lo sabian los niños, bien que lo sabian los adultos. Pero el niño, en su espontaneidad que trasciende a menudo el plano de la represión moral, se animaba a expresarlo; el adulto lo escondía bajo sendas capas de autoengaño torpe e inverosímil.
Si Hrant Dink sabía y denunciaba el genocidio armenio, si un alemán de buena fe denunciaba los campos de exterminio, si un militar de honor denunciaba la tortura y el Plan Cóndor, en todos los casos, el adulto culposo que le veía o escuchaba debía admitirse o bien como culpable, o bien como cobarde o, en el más leve de los casos como necio. Pues si ALGUIEN QUE VIVE EN MI MISMO CONTEXTO; MANEJA LA MISMA INFORMACION QUE YO; HABLA MI MISMO IDIOMA; CRECIO EN LA MISMA CULTURA; VE LO MISMO QUE VEO YO Y QUE SE, EN EL FONDO DE MI ALMA, QUE ES ABSOLUTAMENTE CIERTO, PERO NIEGO TENAZMENTE, ENTONCES...¿QUE CALIFICATIVO ME CABE? ¿COMPLICE, COBARDE O ESTUPIDO?
Se odia tanto al que siendo igual a nosotros actúa como voz de la conciencia colectiva y señala nuestra basura escondida bajo la alfombra porque ES NUESTRA IMAGEN EN EL ESPEJO, QUE NO QUEREMOS VER; PUES NOS MUESTRA SIN DISMULO POSIBLE NUESTRA DEGRADACION COMO SOCIEDAD E INDIVIDUOS.
A Hrant lo mataron, para la anécdota, el viernes 19 de enero del 2007 tres certeros balazos en su cabeza a la salida de su oficina. Para la verdadera Historia, lo mataron millones de actos de complicidad, de cobardía y de estupidez. Que no serán redimidos hasta que el gobierno de Turquí no asuma su millón y medio de víctimas armenias, y rinda su debido homenaje a la victima un millón quinientos mil uno: Hrant Dink.
El tercer punto refiere a la tentación del hombre bueno.
Otro ilustre religioso y exquisita persona de nuestro Uruguay, es el pastor Emilio Castro, metodista, que llegara a ser Presidente del Consejo Mundial de Iglesias.
Con una claridad meridiana le oír expresar varias veces que la mayor y más difícil tentación de la actualidad es "la tentación del hombre bueno", consistente en ocuparse de las cosas propias, no dañar expresamente a nadie, no lastimar activamente, pero no hacer absolutamente nada para cambiar la injusticia o dolor que se alrededor, para solidarizarse con el dolido y ponerse de y a su lado.
Vaya si serán sabias palabras. Si horrible fue la joven y violenta muerte de Hrant, espantosa debe haber sido la cruel agonía que debió vivir. En la película que acabamos de ver, Hrant es entrevistado en dos momentos muy diferentes, aunque separados por escaso tiempo.
En la primera vez, se le ve relajado, optimista, convencido que hay espacio para el diálogo y entendimiento en el seno de Turquía para los ciudadanos turcos de origen armenio. En la segunda está visiblemente tenso, preocupado, con una visión oscura del provenir, que incluso refleja su gestualidad, con permanente golpeteos con sus manos en el sillón. Es evidente que ya sabía que tenía los días contados. Es evidente que se habían sucedido múltiples amenazas telefónicas, por correo electrónico o sutiles "mensajes" de que estaba marcado para morir. Pese a lo cual se negó a abandonar Turquía, pudiendo hacerlo. Se dijo que "Si sigo de pie hasta el final, no estará nada mal". Estoy seguro que difícilmente muchos podamos llegar a ese nivel de generosidad y valentía, a esa extrema entrega por una causa justa y superior.
Pero pongámonos por un momento en la piel de Hrant en las primeras etapas de su agonía, dejando de lado las amenazas de muerte y los signos evidentes de violencia. Visualicemos a Hrant, ex-alumno de la Universidad de Estambul, durante el tiempo en que se fue volviendo blanco dilecto de los medios que hicieron de él blanco de la ira y el escarnio...¿Cuántos que creía sus amigos- y que obviamente nunca lo fueron- comenzaron alejarse de él, a negarle el saludo, a cruzarlo y no verlo? ¿Cuántos que pensaba lo apoyarían y cuidarían, se retirarían para dejarlo en la más abrumadora soledad? ¿Cuántos ex-compañeros de causa lo denigraron?¿Cuántos referentes lo desilusionaron, lo trataron de loco, delirante o exagerado?¿Cuántos hombre con el poder y la capacidad de actuar al menos para atenuar su sufrimiento, lo dejaron librado a su suerte? Hrant no era un superhombre, todo lo contrario, y seguramente no hizo todo bien en su vida y en sus actos públicos, seguramente se equivocó ¿ Pero cuántos errores sirvieron de cobarde excusa al abandono, a la traición o a la complicidad con la persecución? ¿Cuántos pequeños y constantes pasos, día a día, que le señalaban que los demás humanos lo abandonaban, le fueron advirtiendo que la vida misma lo estaba a punto de abandonar? Ese sufrimiento moral que Hrant debe haber vivido a lo largo de al menos un año y medio, debe ser INDESCRIPTIBLE. Una de las más sofisticadas formas de tortura psicológica, ciertamente.
LA SOLEDAD ES LA RECOMPENSA DEL HOMBRE QUE SABE Y NO CALLA; QUE SOSPECHA Y BUSCA; QUE SIENTE VERGUENZA Y BUSCA REPARAR. Este es un valor UNIVERSAL. Y el grado de soledad puede llevar hasta la muerte. Muerte física, muerte social, muerte, negación, condena, oscuridad.
Pero frente a la tentación del silencio, de la complicidad, de mirar para el costado, frente a la "tentación del hombre bueno" , resuenan la spalabras de cierre de la presentacion de Hrant Dink en la Universidad de Bilgi, en setiembre del 2005, retomadas como cierre de alocucion funeraria por su esposa: NO TENGAN MIEDO.
El cuarto punto refiere al hoy y al mañana.
Hoy, el gobierno de Jordania, acaba de prohibir a último momento un encuentro internacional de jóvenes en honor a Hrant Dink. ¿Por qué? En este mundo anegado de petróleo en el Golfo de México, al vilo de la guerra en el paralelo 38 de la Península de Corea y en la franja de Gaza, ¿qué terrible amenaza para la paz mundial significaba que un pacífico grupo de jóvenes homenajearan a un periodista mártir? JORDANIA DEBE EXPLICARLE AL MUNDO LAS RAZONES DE SU DECISION.
Hoy sabemos que hace poco, el abogado de la familia Dink (que seguido siendo objeto de persecución), "se suicidó", casualmente. TURQUIA DEBE AL MUNDO UNA INVESTIGACION MINUCIOSA Y CREIBLE DE LAS CIRCUNSTANCIAS DE ESTA MUERTE Y LA DETERMINACION SI EFECTIVAMENTE SE TRATO DE UN SUICIDIO. Y DEBE CESAR EL ACOSO A LA FAMILIA DINK. Y DEBE BORRAR EL ABYECTO ARTICULO 301 Y SUS VARIANTES DE SU CODIGO PENAL, PERMITIENDO EL EJERCICIO DE LA LIBERTAD DE CONCIENCIA Y DE LA LIBERTAD DE EXPRESION.
Y hoy mas que nunca TURQUIA Y SUS TRADICIONALES ALIADOS DEBEN AL MUNDO ENTERO EL RECONOCIMIENTO DEL GENOCIDIO ARMENIO.
Nos lo deben porque es justo.
Nos lo deben porque un genocidio impune es puerta abiera a otro futuro genocidio, bien que Hitler invocó la impunidad del genocidio armenio al alentar su demencial "solución final".
Pero sobre todo nos lo deben, porque decir claramente LO QUE NO SE QUIERE NUNCA MAS DEFINE CAMINOS; CONSTRUYE CIVILIZACION. ¿Habría habido Renacimiento si la Humanidad se hubiera negado a si misma del conocimiento de los horrores de la Inquisición? ¿O de la repugnancia ante la ignorancia, prepotencia, barbarie, negación del amor y la belleza, fue haciéndose carne la necesidad de saber, de crear, de abrir luz civilizatoria?
Reconocer el genocidio armenio es un paso de gingantes hacia un mundo globalizado en defensa de los derechos humanos , de TODOS los derecho humanos, donde hoy es por tí, mañana es por mí, pero todos velamos por todos. Diciendo la verdad sobre una barbarie, negando para siempre dicho camino como válido, estamos definiendo un rumbo de mayor humanidad y luz para todos.
Nos lo debe HOY para que un mejor MAÑANA sea posible.
Para finalizar, y mientras esta verdad INEXORABLE E IMPRESCINDIBLE no se abra paso, les pido que permitan a este nieto de catalanes e hijo de Rocha, hacer suyas, sin merecerlo, las palabras que las cien mil personas que se congregaron en el entierro de Hrant Dink, gritaban y portaban en carteles.
Les pido de corazón, que me permitan simplemente decir
¡YO TAMBIEN SOY HRANT DINK! ¡YO TAMBIEN SOY ARMENIO!
Muchas gracias
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